Abrir Word® y enfrentarse una página en blanco[1] puede ser aterrador, como todos sabemos. Pero es porque nuestro cerebro es flojo y hace todo lo posible por no esforzarse y entre más lo presionemos, menos va a querer funcionar. Ese momento cuando no te salen las palabras, cuando se te hace más difícil empezar a escribir cualquier cosa, puede equiparase a una situación que muchos hombres hemos enfrentado: la primera cita con una chica. Es cuando estás con una chica que a penas conoces que se empieza a poner incómoda la situación porque se acaban los temas básicos y ella te contesta monosilábicamente a tus preguntas estúpidas. Esta chica no coopera, pues. Ella está esperando que tú digas algo brillante[2]. Así es la página en blanco: extraña, antipática y poco cooperativa. Tu mente empieza a presionarse por sacar un tema que pueda llenar los siguientes 10 o 15 minutos de conversación. Es ahí cuando invariablemente salen las preguntas y comentarios triviales sobre el clima, el tráfico y el bar donde se encuentran. Te estás hundiendo y lo sabes.
Así como en la cita, la mente empieza a querer sustituir los temas de importancia, con los que se tendría que esforzar, por trivialidades para evadir el silencio incómodo que se genera entre ella y la página en blanco. Entonces, te dice, “Deja Word® y abre tu Gmail®”. Ay pinche mente huevona. Ok, tú mandas. En Gmail® encuentras correos no abiertos con cientos de notificaciones de parte de las de redes sociales a las que perteneces. Luego entonces, te mueres de ganas de saber qué está pasando en Facebook®. Ya estás en Facebook®. En Facebook®, lo primero que ves es un artículo sobre la crisis económica del Euro que postearon que se ve interesante (sí, en mi Facebook® hay gente que pone cosas interesantes), entonces lo lees. 20 minutos después, no has escrito nada; eso sí, estás al día con la situación económica en Europa. Ok, ok, eso de la noticia del Euro es una falsedad, la verdad es que estás indagando en la vida de tu ex. La hoja sigue blanca y esperando que la llenes para que tenga algún tipo de valor en su mundo binario.
Chin, siguen ahí. Si de algo no puedes escapar es de la realidad; la hoja en blanco sigue ahí y la chica sigue sentada enfrente de ti. Entre más las ignores, peor te va a ir, más miserable te vas a sentir y más te alejarás de tus metas. Ni modo, te tendrás que esforzar y concentrarte. Pero a tu cerebro sigue sin gustarle el esfuerzo. La mente empieza a trabajar, rechinando por la falta de uso. Al mismo tiempo, empiezas a contar los minutos, segundos, centésimas de segundo, milisegundos, ad infinitum. El tiempo se alarga como cuando esperas que se cargue un video de YouTube®… ¡YOUTUBE®! – rápidamente, sacas tu iPhone® - “¿YA ENSEÑÉ EL VIDEO DE LA CABRA Y OPRAH? ESTÁ BUENÍSIMO.” Si tienes iPhone®, acabas de ganar 20 a 25 minutos de risas y fluidez en la conversación hablando de videos virales con tu chica – quizá hasta le gustes más porque sabes *demasiado* de videos virales. Dudoso. Ella va a pensar que no tienes más que ofrecerle que enseñarle videos de pandas estornudando; propiamente, es malísima idea meterte a YouTube® para evadir el trabajo que no has empezado. O también puedes checar Twitter®, seguro que un tweet interesante te puede sacar de esta laguna mental de la que no se formulan ideas claras. Sin embargo, cuando se entera que estas viendo Twitter® (esto pudo haber ocurrido en un par de segundos), ella te deja muy claro que tiene una opinión muy negativa de Twitter® y piensa que eres patético al recurrir a esa cosa para sacar conversación. No va a ser fácil.
¿Y cuáles son las metas de ambas faenas? Por un lado tenemos a la chica y lo que buscamos con ella puede tener sus virtudes y/o sus perversiones, todas racionalmente justificables, ya que van dirigidas a mejorar el bienestar personal. Ya sea lograr que se enamore de ti o que se acueste contigo, cualquiera de las dos situaciones justifica el esfuerzo para mejorar la cita. Por otro lado, tenemos a la hoja en blanco. En este caso, las virtudes que vienen implícitas con la terminación un texto, a menos de que estés escribiendo uno que pretenda ser la base de una nueva religión en donde te autoproclamas dios oculto o con el que pretendas generar una imagen falsa de ti[3], superan cuantitativa y cualitativamente a las de la cita.
¿Cómo resolver esto? ¿Cómo podemos evitar la desgracia de una mala cita o la vergüenza de ser derrotado por algo tan inofensivo como una página en blanco? Primero, no te distraigas ni trates de escapar de su realidad. Segundo, por más que suene contraintuitivo (la intuición es bien pendeja), relájate. Una mente relajada es una mente feliz. Es sabido que las ideas creativas fluyen en ambientes relajados[4]. No te distraigas con el maravilloso mundo que les ofrezcan las redes sociales, ni trates de cambiar de tema a uno que nada mas van a llenar el tiempo sin ayudar la causa. Mira tu entorno, ponte cómodo, pide lo que más les guste de comer (en este caso, las costillas de BBQ no son muy recomendables), tómate uno o dos whiskeys, despeja cualquier duda sobre tus carencias y ve con todo. Sobre la marcha, irás construyendo algo interesante. Verás que dirás cosas más interesantes, las ideas fluirán y saldrás satisfecho contigo mismo. Tus lectores y tu cita te lo agradecerán. Pero más que nada, TRY A LITTLE TENDERNESS. Seguro así logras cerrar el trato[5] en ambos casos[6], cosa que tú y yo sabemos que es lo único que has estado pensando durante todo este tiempo.
[1] Bueno, técnicamente la imagen que tu cerebro ha elaborado y que, basándose en experiencias pasadas determina que es – por lo menos equiparable a – una página en blanco, aunque en verdad es la pantalla de una computadora con millones de pixeles.
[2] Para que esta analogía funcione, la chica tiene que tener ese tipo de personalidad. Yo no estoy diciendo que las mujeres sean todas así.
[3] Claro está, con un lenguaje mucho más elocuente que el de su servidor.
[4] Háganse el favor de googlear “oficinas de Pixar” para que comprueben esto. Pixar, esa fábrica de sueños, tiene uno de los ambientes más relajados para trabajar.
[5] En este caso “cerrar el trato” significa coger. Claro que sabías eso.
[6] Mándale ese brillante texto a la chica que te gusta y verás.